Estudio bíblico sobre el ayuno

Parte I. El ayuno en el Antiguo testamento.

Pastor: Miguel García

 

Introducción

En nuestros tiempos hay muchos enfoques de este tema del ayuno y nos proponemos acercarnos a la Palabra de Dios para que ella nos hable y de manera especial nos responda dos preguntas fundamentales: ¿Cuál es el propósito del verdadero ayuno y su aplicación en nuestras vidas espirituales?

En las Escrituras encontramos que las personas ayunaban por diversas razones. Lo hacían, por ejemplo, para prepararse antes de recibir un mensaje de Dios y antes de ir a cumplir una misión especial de Dios. Pero lo hacían también con motivo de la muerte de un ser querido o para conmemorar catástrofes nacionales; y para implorar la ayuda de Dios, discernimiento o perdón.

Para poder estudiar lo que significa la palabra ayuno debemos revisar su significado en cada contexto. En este estudio haremos un breve bosquejo de cómo se veía esta práctica en el antiguo testamento.

 

Desarrollo

 

¿Qué es ayunar? Primero que todo respondamos esta pregunta en su sentido general.

Ayunar:  Ejercicio espiritual en el que un individuo o una comunidad se abstienen de comida. Aunque la práctica bíblica era que durara generalmente un día (hasta el anochecer), la Biblia cita ayunos de tres días, siete días, tres semanas y cuarenta días.

  1. El Ayuno En El Judaísmo

 

El ayuno no era algo oficial en la religión del pueblo hebreo antes del exilio; pero, desde los días de Samuel, se practicaba para indicar la sinceridad de las oraciones dirigidas a Dios en tiempos de necesidad

Aunque no fue dada una ley específica para el ayuno, así como si se dio para cada fiesta solemne, las ofrendas y otros asuntos en relación con la vida espiritual, civil y moral del pueblo escogido si existe un mandamiento y es ayunar en el día de la expiación

La ley de Moisés específicamente mandó ayunar en el → Día de Expiación. Esto llevó a que el día se conociera también como «día del ayuno»  o «el ayuno»

Entra tú, pues, y lee de este rollo que escribiste de mi boca, las palabras de Jehová a los oídos del pueblo, en la casa de Jehová, el día del ayuno;

Jeremías 36.6

El día de la expiación era una de las fiestas solemnes más importantes para el pueblo de Dios. Esta era la única ocasión del año en que al → Sumo sacerdote se le permitía entrar al → Lugar Santísimo. De la sangre del becerro sacrificado para expiación, el sacerdote tomaba con su dedo y rociaba siete veces el propiciatorio, para purificar el santuario y expiar los pecados del sacerdocio. Después ponía sus manos sobre la cabeza del otro macho cabrío, el de → Azazel, y el animal era llevado lejos, a un lugar desierto, donde se le perdía. Con esto se simbolizaba la expulsión de los pecados del pueblo. Todo el ceremonial de este día era un tipo de Cristo y de su obra redentora en la cruz.

24Lavará luego su cuerpo con agua en el lugar del santuario, y después de ponerse sus vestidos saldrá, y hará su holocausto, y el holocausto del pueblo, y hará la expiación por sí y por el pueblo.

29Y esto tendréis por estatuto perpetuo: En el mes séptimo, a los diez días del mes, afligiréis vuestras almas, y ninguna obra haréis, ni el natural ni el extranjero que mora entre vosotros. 30Porque en este día se hará expiación por vosotros, y seréis limpios de todos vuestros pecados delante de Jehová.

levítico 16.14,29,30

Aquí en la expresión afligiréis vuestras almas lleva implícito la alusión al ayuno. Este era un día de muerte y condenación o de gracia y perdón. El ayunar era consecuente con el carácter de lo que estaba en juego la vida o la muerte. El salmista nos refuerza esta idea cuando clamaba.

Lloré afligiendo con ayuno mi alma, Y esto me ha sido por afrenta.

Salmos 69.10

Después del cautiverio del pueblo de Israel en Babilonia se establecieron intervalos regulares para la celebración del ayuno. Según Zacarías 8.19, en el cuarto, en el quinto, en el séptimo y en el décimo mes habría de observarse otros cuatro ayunos que recordaban desastres en la historia de los judíos. Y está también el ayuno antes de la celebración del Purim, que se instituyó en los días de Ester (Ester 9.31).

 

  1. El Ayuno En El Antiguo Testamento.

Habiendo bosquejado de manera general el ayuno en el pueblo judío pasemos ahora a ver algunos de los significados en diferentes contextos del Antiguo testamento.

  • Significando luto, tristeza y humillación. En este contexto el ayuno es puro luto y tristeza

 

Entonces subieron todos los hijos de Israel, y todo el pueblo, y vinieron a la casa de Dios; y lloraron, y se sentaron allí en presencia de Jehová, y ayunaron aquel día hasta la noche; y ofrecieron holocaustos y ofrendas de paz delante de Jehová. 27Y los hijos de Israel preguntaron a Jehová

 Jueces 20.26

(Después de los israelitas haber sido derrotados dos veces tuvieron luto y tristeza por su derrota, entonces se humillaron y consultaron verdaderamente a Dios.)

todos los hombres valientes se levantaron, y anduvieron toda aquella noche, y quitaron el cuerpo de Saúl y los cuerpos de sus hijos del muro de Bet-sán; y viniendo a Jabes, los quemaron allí. 13Y tomando sus huesos, los sepultaron debajo de un árbol en Jabes, y ayunaron siete días.

 1Sam 31.12,13

(Este fue un ayuno por la tristeza en sus corazones por la muerte de Saúl)

 

  • Significando estado de tristeza y humillación en el contexto de la penitencia por el pecado .Ya en este caso significa arrepentimiento por el pecado porque  el verdadero arrepentimiento produce tristeza y dolor.

 

Y Samuel dijo: Reunid a todo Israel en Mizpa, y yo oraré por vosotros a Jehová. 6Y se reunieron en Mizpa, y sacaron agua, y la derramaron delante de Jehová, y ayunaron aquel día, y dijeron allí: Contra Jehová hemos pecado.

 

  • Significando conversión genuina delante de Dios. En otros textos especialmente en el cautiverio y en los del pos-cautiverio (el cautiverio se refiere a los 70 años que Israel fue cautivo en Babilonia), el ayuno por lo general se presenta en el contexto de la penitencia y la humillación como señal de conversión.

 

Y los hombres de Nínive creyeron a Dios, y proclamaron ayuno, y se vistieron de cilicio desde el mayor hasta el menor de ellos.

Jonás 3.5

Y volví mi rostro a Dios el Señor, buscándole en oración y ruego, en ayuno, cilicio y ceniza. 4Y oré a Jehová mi Dios e hice confesión diciendo

Daniel 9.3

14Proclamad ayuno, convocad a asamblea; congregad a los ancianos y a todos los moradores de la tierra en la casa de Jehová vuestro Dios, y clamad a Jehová12Por eso pues, ahora, dice Jehová, convertíos a mí con todo vuestro corazón, con ayuno y lloro y lamento. 13Rasgad vuestro corazón, y no vuestros vestidos, y convertíos a Jehová vuestro Dios;  

Joel 1.14; 2.12; 2.13

  • Significando humillación al dejar nuestros planes para buscar la dirección de Dios para una renovación espiritual o para recibir ayudas especiales. Esdras pidió ayuno para buscar la protección de Dios sobre los judíos que regresaban de Babilonia a Jerusalén

Y publiqué ayuno allí junto al río Ahava, para afligirnos delante de nuestro Dios, para solicitar de él camino derecho para nosotros, y para nuestros niños, y para todos nuestros bienes. 22Porque tuve vergüenza de pedir al rey tropa y gente de a caballo que nos defendiesen del enemigo en el camino; porque habíamos hablado al rey, diciendo: La mano de nuestro Dios es para bien sobre todos los que le buscan; mas su poder y su furor contra todos los que le abandonan. 23Ayunamos, pues, y pedimos a nuestro Dios sobre esto, y él nos fue propicio.

Esdras 8.21-23.

Entonces él tuvo temor; y Josafat humilló su rostro para consultar a Jehová, e hizo pregonar ayuno a todo Judá. 4Y se reunieron los de Judá para pedir socorro a Jehová; y también de todas las ciudades de Judá vinieron a pedir ayuda a Jehová.

 2 Crónicas 20.3,4

  1. No siempre que ayunamos Dios nos oye. La reinterpretación profética del ayuno según Isaías y Zacarías. Isaías 58 1-14 Zacarías 7.1-14
  • Llama la atención la reinterpretación profética de Isaías 58 y Sacaría 7. En ambos pasajes, lo que Dios quiere es la justicia social. Mientras que el pueblo practica el ayuno como obediencia a una exigencia ritual y vacía, el profeta coloca el ayuno en la práctica diaria de la vida del que ama a Dios y también a su prójimo, allí es donde tiene su verdadero valor y cosecha sus mejores y más genuinos frutos provocando el verdadero avivamiento.
  • Isaías presenta al ayuno como una acción de solidaridad. Con este tipo de ayuno surge la posibilidad de que las personas acomodadas y solventes experimenten lo que día a día viven los pobres y hambrientos En el ayuno de Isaías 58 el que tiene se hace vulnerable y débil y puede mirar a Dios como fuente de vida y de sustento. En el ayuno, el rico aprende a ser pobre en espíritu; y el pobre imparte al rico la actitud de humilde espera delante de Dios. Sólo el mínimo sacrificio de una persona a favor de su prójimo es considerado por Dios como verdadero ayuno y verdadera religiosidad

7La religión pura y sin mácula delante de Dios el Padre es esta: Visitar a los huérfanos y a las viudas en sus tribulaciones, y guardarse sin mancha del mundo.

Compare el verso 5 con Santiago. 1: 27).

Sólo cuando esto ocurra en la vida del pueblo despuntará la luz que anuncia la redención y la victoria (v. 8). Sólo entonces habrá una respuesta inmediata y positiva a la oración: Entonces invocarás, y Jehovah te escuchará. Clamarás, y él dirá: “¡Aquí estoy!” (v. 9). Entonces Israel empezará a cumplir el objetivo divino de ser luz a las naciones (v. 10b).

 

  • El verdadero significado del ayuno según Dios en Zacarías 7:1-14, 8:16-19

Los líderes de Israel se acercan a los sacerdotes para consultar sobre el ayuno. Resulta irónico que el pueblo de Israel formulara una pregunta como esa. Ellos habían sido enseñados a llevar una vida religiosa apegada a normas estrictas que debían cumplir rigurosamente, pero este rigor lo había llevado a un vacío espiritual; el ayuno llegó a tener un significado tan ritualista que Dios no jugaba ningún papel en todas estas prácticas. La pregunta que hizo el pueblo está mal hecha; el asunto no es si se celebra o no el ayuno, sino por qué lo hacemos y cuanto realmente queremos agradar a Dios con la actitud secreta de nuestro corazón.

Los ayunos especificados en este capítulo se refieren a ayunos que recordaban hechos trágicos en la vida del pueblo. En el ayuno del mes quinto se recordaba la destrucción de Jerusalén y del templo a manos del rey Nabucodonosor de Babilonia (Jeremías. 51:12–14). En el mes séptimo recordaban el asesinato de Gedalías a manos de Ismael, hijo de Netanías, con el cual había muerto también el remanente que había quedado en su tierra (Jeremías. 41:1, 2).

Además de estos dos ayunos también celebraban ayuno en el mes cuarto, cuando el muro fue destruido y los guerreros salieron huyendo por las brechas del muro (Jeremías. 52:6–12), y el ayuno del mes décimo, que lo realizaban para conmemorar el comienzo del ataque contra Jerusalén (Jeremías. 52:4).

Ninguno de estos ayunos se hacía con el objeto de agradar a Dios; todos fueron para recordar la aflicción, el dolor producido por esos momentos de tragedia nacional. Seguirlos practicando era como seguir viviendo en la desesperación de la derrota. El profeta Zacarías llega para anunciar al pueblo que Jehová se ha acordado de su pueblo; no deben guardar más estos ayunos. Es tiempo de fiesta, de restauración, nadie debería estar en aflicción.

Conclusión

Este es un mensaje de reflexión para toda época. Los miembros de nuestras iglesias locales deben pensar en las prácticas religiosas con las que adoran a Dios; cada acto debe ser realizado con un corazón sincero y no caer en un ritualismo frío y muerto.

Las condiciones sociales de nuestro mundo demandan las prácticas genuinas del evangelio amar a Dios con todo nuestro corazón y a nuestro prójimo como a nosotros mismos. Nuestra devoción a Dios se debe reflejar en la práctica, y la vida práctica debe tener una relación íntima con la vida religiosa. Estos dos asuntos no se pueden separar pues son complementarios. No puede haber una verdadera adoración si la vida en la comunidad no resulta en beneficio de los demás; más aún, si en vez de ser de beneficio es perjudicial para la comunidad. Cualquier cristiano que oprime u ofende a su prójimo no podrá dedicar a Dios un verdadero culto. Claramente lo enseña Juan en su primera carta: si alguno dice “yo amo a Dios” y aborrece a su hermano, es mentiroso. Si no es capaz de amar a su hermano a quien puede ver, ¿cómo podrá amar a Dios, a quien no ha visto? La falta de sinceridad para con Dios condujo al pueblo al pecado y a la ruina misma.

A través de las eras del Antiguo Testamento el ayuno fue el medio primordial de la humillación ante Dios. El ayuno debe ser practicado como lo enseñaron los profetas. Recordemos la enseñanza de Isaías en el capítulo 58:3–8, en cuanto a que el ayuno debe llevar consigo un cambio de actitud, no caer en el ritualismo que no transforma la vida de quien lo practica, por el contrario acercarnos a Dios por medio de un corazón contrito y humillado que da frutos dignos de arrepentimiento. Recordemos a Isaías 58.5 describiendo el ayuno como el día en que aflige «el hombre su alma». La humildad es una actitud del corazón.

Las Escrituras dicen: «Los sacrificios de Dios son el espíritu quebrantado; al corazón contrito y humillado no despreciarás tú, oh Dios» (Salmo 51.13). Dios nos escucha y responde a nuestro clamor cuando vamos ante Él con humildad y espíritu quebrantado, reconociendo nuestros pecados y arrepintiéndonos de ellos, y pidiéndole que nos limpie por la sangre de Jesús y que nos llene del Espíritu Santo.

Estas son las cosas que habéis de hacer: Hablad verdad cada cual con su prójimo; juzgad según la verdad y lo conducente a la paz en vuestras puertas. 17Y ninguno de vosotros piense mal en su corazón contra su prójimo, ni améis el juramento falso; porque todas estas son cosas que aborrezco, dice Jehová.

18Vino a mí palabra de Jehová de los ejércitos, diciendo: 19Así ha dicho Jehová de los ejércitos: El ayuno del cuarto mes, el ayuno del quinto, el ayuno del séptimo, y el ayuno del décimo, se convertirán para la casa de Judá en gozo y alegría, y en festivas solemnidades. Amad, pues, la verdad y la paz.

Zacarías 8.16,19